Suministro eléctrico, Energías renovables y Sostenibilidad

En el suministro energético, el papel de las energías renovables tiene que llegar a lo más notorio independientemente que su implantación provoque el impacto económico que supone la no internalización de los costes ambientales derivados del uso de los combustibles fósiles. Las instituciones tienen que evidenciar el coste, ambiental y económico, derivado de las emisiones de CO2 a la atmósfera, y proyectar de manera radical las energías renovables.

Ahora bien, hoy por hoy, el modelo de sostenibilidad energética demuestra su utilidad en un contexto muy reducido, de momento no apunta a que es posible generalizarlo porque no es capaz de garantizar la autosuficiencia de abastecimiento a una comunidad de una cierta envergadura. Esto no resta importancia ni mérito a las opciones de sostenibilidad energética en el ámbito regional y local, al contrario, las fortalece en su necesidad de mayor extensión, demuestra la necesidad de que hay que apostar por modelos más limpios, seguir avanzando y, por supuesto, los ritmos también son importantes, ha llegado un punto que no se trata de un ejemplo de buenas prácticas. 

Es cierto es que la demanda energética mundial sigue creciendo de manera proporcional al desarrollo económico de las nuevas economías que no renuncian al modelo de crecimiento que han observado y heredado de Occidente. Por ello, la demanda energética global seguirá creciendo mientras no se opte por un modelo de desarrollo más humanizado, es decir, que no se base exclusivamente en la generación de consumo, riqueza e inversión.

La problemática energética contiene implicaciones ambientales, económicas y sociales de considerable importancia porque no es factible desarrollar las actividades de la vida cotidiana ni mantener una mínima dignidad en la vida de los seres humanos si no garantizamos el suministro energético pero hay que propiciar el impulso de las energías renovables porque hay que vivir en armonía con la naturaleza.

El problema de fondo sigue residiendo en decidir si queremos vivir en armonía con la naturaleza o en una lucha permanente. Nos encontramos ante un reto que implica decisiones de calado ético sobre las pautas de vida en las que nos hemos acostumbrado a convivir, su resolución afecta a decisiones sobre el significado de la vida en nuestra relación con la naturaleza. Por supuesto, lo que tenemos claro es que lo propio es vivir en armonía con ella.