Los incendios forestales, una amenaza para el cambio climático

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Desgraciadamente, los incendios forestales suelen ser una tónica habitual en los periodos estivales, sobre todo en los meses de verano. 2019 fue el quinto peor año del decenio en España, tanto por superficie quemada como por el número de incendios, según datos de la asociación ecológica Greenpeace.

El incendio declarado en el mes de agosto en Gran Canaria, fue el más grave de ese año, arrasando más de 12.000 hectáreas de cumbre y afectando al Parque Natural de Tamadaba, declarado Reserva de la Biosfera.

Este tipo de catástrofe natural se repite también en otras partes del mundo. Todos nos acordamos de la dramática situación vivida en el Amazonas, el pulmón del planeta, del que se quemaron 2,5 millones de hectáreas, o el gran incendio declarado en el verano de 2019 en Australia, con 52.400 kilómetros cuadrados afectados, 27 fallecidos y más de un millón de animales calcinados, de acuerdo con el balance realizado por National Geographic.

Además del impacto negativo que tienen en la flora y la fauna, los incendios forestales generan también gases contaminantes que aceleran el cambio climático. Según apunta Greenpeace, solo el año pasado los incendios generaron un total de CO2 equivalente a 19 veces las emisiones totales de España en un año.

A su vez, el cambio climático, es uno de los principales causantes de la rápida propagación que tienen muchos incendios. En este sentido, el programa de Acción Climática de Naciones Unidas apunta a que la frecuencia de los incendios forestales es cada vez mayor debido al cambio climático, causando efectos devastadores en la pérdida de vidas, recursos y biodiversidad.

Por todo ello y teniendo en cuenta que el 95 % de los incendios forestales que se producen se deben a la acción humana, ya sea por negligencia, accidente o de forma intencionada, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha publicado un Decálogo Básico para la Prevención, en el que se recogen algunas acciones y hábitos que debemos tener siempre presente para evitar provocar una nueva catástrofe

No arrojar cigarrillos ni fósforos al suelo. Estos deberán estar apagados y depositados en los contenedores o cubos de basura que hay en los diferentes parques, evitando con ello muchísimos conatos de incendios

Mantener las casas rurales o en zonas arboladas limpias de maleza. Esta práctica facilitará la extinción del fuego y evitará su propagación. En el caso de querer hacer una quema de rastrojos, se debe notificar a las autoridades y esperar a ser aprobada para evitar situaciones indeseadas. 

Seguir las recomendaciones en caso de alerta. Con las altas temperaturas es mucho más fácil que el fuego se propague más rápido por lo que en estos periodos no se deben hacer reuniones en los parques u hogueras en la naturaleza.

Evitar utilizar maquinaria agrícola o forestal los días de mayor riesgo de incendio. Especialmente aquella que pueda generar chispa. Si aún así es imprescindible su utilización, se debe primar las precauciones. Hay que tener en cuenta que una pequeña chispa puede ocasionar una gran catástrofe, así que se debe primar por la seguridad de la ciudadanía y de la naturaleza.

Avisar de manera inmediata ante un conato de incendio. Llamar al 112 o al teléfono de emergencia de la Comunidad Autónoma correspondiente ante la presencia de un conato de incendio.

Entre todos podemos evitar que se produzcan nuevas catástrofes naturales como la de Australia, Amazonas y más cerca, en Gran Canaria y frenar el deterioro del medioambiente.